El Lunes por la mañana mi jefe dice: "José, tienes que ir a Portugal, a enseñar... bla, bla, sales el Miércoles a primera hora y la vuelta el Viernes después de comer".
Así que voy yo y me preparo, empiezo a investigar que material hay en Portugal, que saben, como funciona, que pueden necesitar, todo el rollo de puta madre. Y le digo a Miriam " Me voy a Portugal ", así que ella pone cara mustia y me suelta eso de que se queda Viuda. Valla tela porque a veces se equivoca y dice "viuda alegre", es decir ALEGRE.
Superados los primeros momentos de susto, donde hay falta de información, lo siguiente era tener un par de trajes para presentarse allí. Tengo dos, el que me puede valer es de invierno y me voy a achicharrar, y el otro sospecho que no entro en el pantalón, así que me voy a comprar al menos un traje y el resto del tiempo con algún pantalón guapo que tengo, camisa, corbata y la chaqueta de piel puedo pasar perfectamente.
Ese mismo lunes por la tarde, Miriam y yo dando una vuelta por un centro comercial (a las 16.00 es una hora cojonuda porque hay poca gente). Me apaño chaqueta y pago con tarjeta, después me voy a otra tienda que estaba a diez metros en la misma planta, me apaño una camisa y una corbata e intento pagar con tarjeta, pero... sin cartera no hay tarjeta. Y aquí empieza un día cualquiera; que si la buscas, preguntas al dependiente, te autoregistras varias veces, deshaces el camino a la anterior tienda otras tantas y ... nada. He perdido la cartera?... pues puede ser, pero tal y como la llevaba, me la han birlado.
Nos dirigimos ahora al punto de información del centro comercial y doy el aviso por si encuentran la cartera, y allí mismo me dejan usar el teléfono, llamo al banco y anulo automáticamente todas las tarjetas, bueno, cuando digo todas, me refiero a las dos que tengo.
Pa comisaría, a poner una denuncia y dar vueltas como no, porque ahora las denuncias solo pueden recogerlas los Mossos de Esquadra. Total, encontramos la comisaría. Nos toman nota. Sala de espera. Sala de espera. Me llama mi madre y me cuenta que " una chica con acento alemán ha dicho que tiene la cartera, que le ha dado el teléfono de casa y que nos iba a llamar ", cojonudo, pero es que estoy en comisaría, y dice mi madre " es que decía que no tenía dinero y que ha perdido el móvil, que llama desde un locutorio ". Ya esta!, la estamos liando!, una extranjera que tiene tu cartea y que dice que no tiene dinero..., a ver por donde vamos a salir. Le digo a mi madre que voy a poner la denuncia igualmente y que si vuelve a llamar le dé la dirección de mi casa para quedar, pero sin el piso, solo el número de puerta porque no me fío. Seguimos en la sala de espera.
Miriam decide llamar a su madre y contarle la historieta, y le pedimos que se vaya a nuestra casa y coja el teléfono para darle la dirección a esa mujer si llama. Y si llamó mientras mi suegra estaba en casa no lo sabemos, porque a nuestras madres les dio primero a una por equivocarse de tecla y en vez de descolgar, colgó, y después la otra porque no se le ocurre otra más que llamar a mi casa y ocupar la línea. Total, que entre pitos y más pitos, no hubo manera de poder indicarle a esa mujer una dirección, lo que me cabreó bastante, porque entre tres mujeres adultas, la extranjera, mi suegra y mi madre no fueron capaces de quedar en una simple dirección, aunque luego comprobé que esto solo era culpa de la primera, la que tenía mi cartera. Todo lo que pude sacar mientras seguía en la sala de espera es que me llamaría más tarde.
Sigo en la Sala de espera, todavía sigo en sala de espera, (me estoy meando). Sala de espera. Y nos llaman al fin. Hacemos la denuncia. Que huevos los mossos, con la comisaría que gotea el aire acondicionado, el techo que se cae de humedad, las pantallas de ordenador de 15" apoyadas en cajas de cartón apañadas con celo, los teléfonos rotos, la sala de espera a reventar de gente, y todavía te sonríen.
¿Que si dijimos lo de las llamadas?, pero si lo único que sé es que una persona extranjera me va a llamar, ¿cómo se lo cuento al mosso?, - nada que llevo cuatro horas en la sala de espera porque me han robado la cartera, pero una persona que no conozco, con la que no he hablado, y que me han dicho que repetía todo el tiempo que no tenía dinero ni móvil, pues nada, me llamará a casa y me devolverá la cartera de buena fe. ¡Y una Mierda!. Me han birlado la cartera y punto.
Pa casa, cansados, cabreados, sin ganas de cenar y agobiados. Llamo a mi jefe y le digo, a Portugal no voy, no tengo documentación y lo pongo al día, le hago una faena y tiene que viajar él.
Ahora ya estamos en casa, intentado retomar el curso normal de cosas, el taper, la ducha... y me llaman al teléfono. Descuelgo y es una mujer con un acento del Este de cojones, rumana fijo. Me pregunta si soy José Pérez, le digo que si y me contesta que tiene mi cartera, le pregunto si podemos quedar para que me la devuelva, y me suelta "no tengo dinero, y he perdido el móvil cuando te he llamado". Seguimos:
Yo - bueno vale, pero podemos quedar y me das la cartera.
Ella - Si pero no tengo dineroooo... , y he perdido el móvil de mi marido
Yo - Entonces es que quieres dinero?
Ella - Yo no sé, si tu quieres cartera, tienes que venir
Yo - A donde?
Ella - Es que no sé porque no tengo dinero y he perdido el móvil.
Yo - Entonces quieres dinero?
Ella - Como regalo tu, si, si, yo no tengo trabajo.
Yo - Y cuanto quieres?
Ella - No sé, no sé.
Yo - quieres 20 Euros?
Ella (con cambio de tono) - Pero que dices José Pérez, yo tengo aquí todo, papeles, tarjetas, y yo he perdido mi móvil que vale 65 Euros.
Yo - Pues mira, no sé quien eres y no sé si me puedo fiar, si viene a Cantabria con Gran vía hablamos.
Ella – No, ven a la Mina ( barrio famoso por lo conflictivo que es )
Yo - Pero no te voy a dar más de 20 Euros, no tengo más.
Ella - Pero que dices?...
[ Se corta la llamada ]
Naturalmente se lo explicamos a la familia, y entonces ocurre una cosa, que yo odio a muerte y que me cabrea aun más, que es perder el control, no tener medida de las cosas, exagerarlo, y sufrir más de la cuenta porque parece que mola más que no sufrir. Y nos llaman los mossos de esquadra por que un familiar ha dado aviso de que es posible que no estén extorsionando. *Que conste en acta que Miriam no está de acuerdo con la desmedida que yo he dicho antes*. Este familiar es una tía de Miriam.
Miriam mantiene una conversación con una mossa y le explica la conversación mientras a mí me hierve la sangre.
** Un DIA siguiente cualquiera. **
A raíz de la llamada de la mujer del Este que tiene mi cartera y la conversación con lo mossos, vamos a ampliar la denuncia a la misma comisaría. Sala de espera. Sala de espera. Sala de espera. Nos llaman, nos preguntan y nos envían a la Sala de espera. Sala de espera un rato y se acerca un chaval que se llama José, que era del grupo de investigaciones y parecía de todo menos mosso de esquadra, alto, pelo corto, gallos en la coronilla, las uñas comidas y negras, pantalones vaqueros cagaos y camiseta con un graffiti. Tenía además un tono de conversación como de "¿que pasa tron, que me cuentas nen?, a ver como hacemos esto que me espera la parienta sabes..". De los tres que estábamos en la sala, yo era el mayor, Miriam la mediana y él, el peque. Era barbilampiño. Eso si, profesional, hay que reconocerlo.
Ahora ya me sitúo en la sala con el mosso barbilampiño, y nos suelta, " hablamos ayer con vosotros y sabemos como va. Vamos a hacer una cosa, los teléfonos que nos habéis dado de las llamadas que os han hecho no son cabinas ni locutorios, es personal, vamos a llamar, vosotros convencerla para quedar con ella, que le dais el dinero, en media hora y en vez de ir tu, voy yo ". Miriam y yo dijimos, pues pa-lante, dame el teléfono que llamamos. Pena que nadie contesto en ninguno de los números. Así que ya solo nos quedaba declarar y pa casa. Nos pidió un mail con una foto del teléfono donde salía reflejado el teléfono desde el que nos llamaban, y nos facilito su teléfono para llamarlo si quedábamos con ella para que le avisemos. Al fin en casa.
Al fin en casa!, y otra mierda!, llamadita de la rumana, " José que estoy en el DIA, en Rambla Prim, que tengo prisa, si vienes te la doy, pero estoy 15 minutos, ahora tengo prisa " - Le pregunte por el número donde estaba, que si como era, alguna calle más y si quería el dinero, a lo que contesto " no se, no se, tu ven que tengo prisa ". Le pregunté cuando costaba el móvil y me dijo que se había comprado uno y que le costó 250€ " .., mi respuesta fue: " Vale, espérame que voy para allí, que necesito los papales ".
Tardé en llamar a los mossos lo que tarde en teclear el teléfono y la extensión. El que luego resultó ser el jefe del grupo de investigación de Sant Marti, me pregunto dónde había quedado y como, que llevase algo cantón para reconocerme por que ya habían salido sus hombres para allá, y le dije que una camiseta naranja que estaba cogiendo del armario en ese mismo momento.
Mientras me pongo la camiseta naranja le expliqué a Miriam lo que debíamos hacer todo lo deprisa que pude, y ella intentó buscar donde está ese puñetero supermercado por que estábamos perdidos, ni idea de donde esta esa mujer. Salimos de casa corriendo, por que la mujer nos dio 15 minutos para llegar a donde estuviera ella, aunque no supiéramos dónde estaba. Mientras estábamos en el coche, el padre de Miriam le dirigía a través del móvil, así que nos paramos donde creímos que era y nos pusimos a buscar un supermercado fantasma, porque allí no había nada.
Para cuando yo ya empiezo a sudar y ponerme muy nervioso, se me acerca una pareja y me dicen " A ti te han robado un móvil? ", les pregunto si son los mossos, que lo son, y les digo que fue la cartera. Me dicen que me vaya al super que ellos no seguirán. Así que el jefe de los mossos por teléfono a Miriam le guió en coche hasta el super y allí nos plantamos.
Así que más nerviosos que antes si podíamos, enfrente del super nos pusimos a buscar a una mujer rumana. Ya! ... , que .. ¿como distinguir a un rumano de los demás?, pues no sé, en ese momento no hubiera dicho mi nombre completo ni de coña, ya que además estaba seguro de haber perdido a los mossos de a pie, porque yo me desplace tres manzanas en coche.
** Capítulo último: Una mujer casi enana, con el pelo teñido de rubio con muchas raíces negras, ancha de caderas de repente se para, me mira y me señala con el índice. Se acaba de transformar una amenaza en una señora de barrio en toda regla con una bolsa de compra y tres barras de pan. Yo asiento con la cabeza.
Ella: José Pérez
Yo: Sí
Ella: Te mueves raro, estas raro.
Yo: ....
Ella: ¿Pero que tu piensas?, la cartera se la encontró mi hija en el suelo.
Me da una bolsa de plástico verde con la cartera y el teléfono de mi casa anotado. Mientras me puse a mirar todo lo rápido que pude si estaban todos los documentos, ella se dedicó a echarme bronca por perder los papeles, y repite que se lo encontró su hija.
Le pregunto si quiere algo, y no dice nada claro, pero explica que cuando me llamo desde un locutorio, dejó el móvil y en un segundo se lo robaron. Insisto en que si quiere algo y que contesta que no sabe, así que le decimos que entonces ya está, gracias y adiós. Y esto no le gusto mucho, porque no se fue, dijo: - Gracias y ya está?!. Y le respondimos que si no quería nada sí.
En el momento que nos dispusimos a marcharnos o como si fuéramos a hacerlo, dos mossos pararon a la mujer y la interrogaron, y otros dos mossos vinieron a hablar con nosotros.
Después del tiqui taca de conversaciones para arriba y para abajo a ella se la llevaron a una comisaría y nosotros a otra a declarar otra vez, aunque todos, incluidos los mossos tuvimos la sensación de que podría ser exagerado, ya que nos pudimos marchar sin darle un euro, pero claro.. el ser humano no tiene el sentido de la adivinanza suficientemente desarrollado, y según las conversaciones que tuvimos.. ¿que ibas a hacer?.
Sala de espera en comisaría, otra vez. Un poco más, un poco más, y ahora viene el jefe del grupo de investigación de los mossos, sr. X, nos da un resumen de lo ocurrido y nos pide nuestra opinión, que fue la siguiente:
-> Las dificultades económicas pueden haber llevado a la mujer a probar si era posible conseguir algo de dinero, pero cuando se encontró frente el dueño de la cartera no se vio con valor suficiente para pedirlo directamente. <- El mosso coincidió con nosotros, aunque reconoció que alguna vez esta mujer había tenido un problema con la ley aunque a escala muy pequeña como robos, pero sin violencia siempre. Así que, casi de decisión unánime decimos aclarar los hechos en una declaración y que todos nos fuéramos a casa, incluida la mujer que resultó ser Bielo-Rusa, no rumana. Llegue a casa a las 22.06. Y ahora pensarás... pues de puta madre porque ya tienes todos los documentos. Pues mira, por tercera vez: ¡Y una Mierda!. Prefería tener que renovar los documentes antes que pasar la tardecita que pasé.
29 septiembre 2009
Un día cualquiera
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21 octubre 2008
Ike, el día después (Stafford, 14 de septiembre)
Tras dos días encerrados en la decimoquinta planta de uno de los edificios de apartamentos más veteranos y robustos de Houston, estábamos desesperados por salir a tomar el aire y comprobar cuáles habían sido los daños materiales en la zona. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que nuestro refugio no solo nos había protegido, también nos había aislado de la realidad que se mostraba ante nuestros ojos.
La gran mayoría de los distritos de la ciudad se había quedado sin luz, y eso en la ciudad con más aire acondicionado y más autopistas y semáforos del mundo era algo digno de ver. Ramas, troncos y árboles enteros invadían gran parte de las calles, como si el mundo se hubiese parado y la naturaleza hubiese recuperado la tierra que le arrebató el asfalto y, entre ramas, troncos y árboles enteros, caminaban personas que en una situación normal jamás de hubiesen visto las caras. Todos nos mirábamos como si descubriéramos por fin que teníamos muchas más cosas en común de lo que pensábamos, como si empezásemos a entender que éramos vulnerables y que más valía estar un poco más unidos. Ojalá algunos aquí también aprendan que el agua, la gasolina, la electricidad y todo lo que conlleva eso no siempre está disponible y que cuando se tiene se debe usar con sentido común. Que se acabe el despilfarro y que comience la era de la sostenibilidad. Jamás había visto a Sydney tan feliz al ver a sus compatriotas caminando, mirándose las caras, ayudándose, tomando el fresco en las calles. Había troncos centenarios partidos en dos, ventanas rotas, vallas caídas, y los tan definidos límites de la tan preciada propiedad privada texana se habían ido al carajo en tan solo unas horas. Por unos días, tu problema también es mi problema, tu árbol ha partido en pedazos nuestra valla, nuestro coche, algún tejado incluso, el desastre había afectado a ricos y a pobres, como la muerte.
Afortunadamente, no se han registrado apenas víctimas mortales. Las autoridades han actuado con un sentido de la previsión tan enfermizo que me hace pensar que, por lo menos, Katrina sirvió de algo. Yo le llamo el síndrome de Katrina, o katrinitis. Las pocas víctimas se han hallado en la costa, donde el nivel del mar aumentó tanto que las olas o la corriente se llevaron a algún cabezota que decidió no hacer caso de la evacuación obligatoria. Al aumentar tanto el nivel del mar, no tan solo ha desaparecido el trazado de la bella ciudad de Galveston, sino que los ríos que desembocan en la bahía comenzaron a drenar las aguas en sentido contrario, y en lugar de desahogar las calles de Houston, algunas se han inundado.
Mientras recorríamos las calles lentamente, sorteando árboles, carteles y miradas condescendientes, descubrimos que una tienda de 24 horas logró, mediante generadores, abrir sus puertas para vender productos de primera necesidad. Nos apresuramos e hicimos cola para comprar cerveza y tabaco y nos dimos cuenta de que esos eran los productos de primera necesidad que compraban absolutamente todos en la cola. Al salir, el dueño del bar de al lado decidió abrir para que todos nos pudiéramos sentar al aire libre. Al no haber luz, algunos decidieron poner música desde sus “trocas”, con lo cual la fiesta fue total. Eso sí, al marchar el sol, como ha ocurrido durante millones de años en este planeta, se acabó la luz y el dueño nos dijo que nos fuéramos a casa. A partir de las siete hay toque de queda para evitar vandalismo, aunque muchos, como nosotros, hemos hecho oídos sordos a las autoridades y por la noche hemos encontrado dos pubs con luz, música, cerveza y un montón de gente que prefiere divertirse antes que pasar una noche de insomnio en una casa sin luz ni agua.
Y ya estoy de vuelta en casa, de nuevo me siento afortunado porque aquí tampoco se ha ido la luz y mi pescado y mis gambas siguen congeladitos, así que me voy a poner las botas con la paella que voy a preparar para celebrar que no hay escuela ni el lunes ni el martes. ¿Alguien se anima?
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Ike visita Texas (Houston, 13 de septiembre de 2008)
Tras la visita discreta del huracán Gustav, que finalmente se decidió por volver a visitar a la ya afectada Nueva Orleans, la inminente llegada del huracán Ike nos llenó de escepticismo. Pero el miércoles supimos que no era broma: esta vez Texas era su destino definitivo.
El jueves, los alumnos mostraban cierto nerviosismo y constantemente preguntaban si eran ciertos los rumores que soplaban con fuerza en los pasillos: que iban a cancelar las clases el viernes. Aún así, mostraron un comportamiento admirable y pudimos hacer clase con total normalidad, y es que este año de nuevo soy afortunado al tener unas clases excepcionalmente buenas. Sin embargo, en la cuarta hora, los rumores se confirmaron: las clases del viernes se cancelaron en todo el condado, aunque la orden de evacuación solo era obligatoria para los condados de la costa. A las 2:30 nos aseguramos de que todos los niños regresaban a sus casas para prepararse para la visita de Ike.
Sydney entró en mi aula con cara de incrédula: “¿va en serio, esto, o qué?” –me dijo. “Creo que sí” –le contesté. Cubrimos el ordenador con la bolsa de plástico reglamentaria, desenchufé todos los cables, y nos largamos a mi casa a recoger mis cosas, incluido el gato, para refugiarme en su casa, un apartamento de veinticinco plantas que ya ha pasado por varias situaciones de emergencia. Una vez allí, decidimos ir al supermercado porque la radio avisaba que todo iba a cerrar a las 10:00. Heidi se enojó con nosotros porque no habíamos llenado de gasolina los depósitos, y es que en ninguna gasolinera quedaba ya una gota de carburante. Así que decidimos ir caminando, para ahorrar. En el supermercado apenas quedaban latas de comida, pero sí abundante fruta y comida preparada que, por cierto, estaban vendiendo a mitad de precio para evitar tener que tirarla al cerrar. Una mujer no paraba de decir “This is fun, this is so much fun!” mientras llenaba su carro de comida preparada como loca.
De vuelta a casa, y con la cocina llena de cerveza, vino, galletas, agua, pan y demás, empezaron a venir más amigos y más colchones. Desde el balcón, la vista de los rascacielos con el sol naranja escondiéndose tras ellos y las escasas nubes no parecía anunciar más que un bonito y soleado viernes.
Y así fue, aunque tan solo por unas horas. El sol de nuevo amaneció, pero al cabo de unas horas empezó a nublarse. Con las nubes, llegó el preludio en ráfagas de viento, silbando amenazante durante horas y horas, mientras observábamos por la televisión cómo el mar aumentaba rápidamente el nivel de agua hasta convertir la isla de Galveston en un auténtico mar de tejaditos de madera. Y al caer la noche, llegó a Houston toda la comparsa: el viento, la lluvia, los silbidos, las ráfagas, la destrucción. Ike nos ha azotado durante gran parte de la noche. Cada dos o tres horas, mi sentido de la supervivencia me despertaba para comprobar que ahí seguían el fuerte viento, la lluvia horizontal, los silbidos grotescos, las ráfagas que trataban de infiltrar el agua entre las rendijas de las ventanas. Pero al comprobar que el gato y mi compañero de habitación seguían durmiendo tranquilamente, yo también me tranquilizaba por dos o tres horas más, y así hasta que Sydney nos vino a despertar.
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26 julio 2008
El producto a mi medida
Tendemos a consumir compulsivamente, todos lo sabemos. Pero, ¿nos hemos preguntado alguna vez si realmente esos productos que consumimos nos satisfacen del todo?. Si nos cuesta dar una respuesta, quizás nos podemos acabar convirtiendo en prosumidores o prosumers.
Este término formado por la combinación de las palabras productor + consumidor, se utiliza para nombrar a todas las personas que no se conforman con la producción masiva estándar y promueven una mayor personalización de lo que el mercado les ofrece. Apoyan el pasar de un consumismo pasivo, a participar activamente en el proceso de diseño y creación del producto aportando sus conocimientos y necesidades.
Muchas empresas se han dado cuenta de que teniendo en cuenta al consumidor, están obteniendo un experto en I+D en el proceso de desarrollo del producto y consiguen un resultado final más acorde con las necesidades o gustos reales del usuario. Entre estas empresas encontramos a Lego, que ha sabido sacar provecho de los fanáticos de sus famosas piezas para crear nuevos productos; o Apple que ha aprovechado las características y funciones creadas por sus seguidores más innovadores para su iPod, y las ha aplicado a los novedosos iTouch y iPhone.
Este nuevo fenómeno que democratiza el proceso de creación, se ha visto impulsado en gran medida gracias a Internet y el intercambio de información que permite entre consumidores de cualquier lugar del planeta. La gran red se ha visto reforzada por esta tendencia, que permite el compartir todo tipo de información en foros, tutoriales, feeds, wikis, redes sociales, etc. La red también proporciona la posibilidad de que un único usuario descontento, pueda influir negativamente en la imagen de un producto a nivel mundial, y las empresas son conscientes de ello.
De esta forma, ha sido creada recientemente la red de prosumidores Prosunet, que pretende a través del intercambio de información, convertirse en el primer sistema de compras inteligentes. Aunque la red apenas ha arrancado, las proyecciones de crecimiento son muy positivas, principalmente por el fuerte vínculo con las tecnologías de la información y el comercio electrónico.
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17 julio 2008
Save the seals o salvemos a las focas
Puede parecer un tema recurrente y trillado pero es algo que sobrepasa los límites de la crueldad del género humano. Cada año cuando se levanta la veda de la caza de focas en uno de los países "desarrolados" como es Canadá, todo el mundo comenta la noticia y la calificamos de inconcebible, espeluznante y cualquier adjetivo que pueda reflejar el horror que nos produce. Pasado el impacto inicial y una vez los medios dejan de mostrarnos las imágenes, no nos volvemos a acordar hasta que al año siguiente se vuelve a iniciar la carnicería.
Cada año al sur del golfo de San Lorenzo y en el estrecho de Belle Isle (que inapropiado el nombre para lo que allí se puede ver), mueren alrededor de 275.000 ejemplares de foca de varias especies, siendo las crías de foca arpa y las de foca encapuchada de menos de 3 meses la población más afectada, ya que su piel tiene un mayor valor en el mercado y además son más fáciles de matar.
No mostraré en este blog las imágenes que todo el mundo ya ha podido ver en uno u otro sitio, y para el que haya tenido la suerte de no verlas y no sepa de que estamos hablando o no conozca su brutalidad, puede acudir a Youtube para comprenderlo, y hacer una búsqueda con las palabras: matanza focas.
Pues bien, la Fundación Altarriba entre otras muchas acciones a favor de los animales, apoya una iniciativa que pone a disposición de todo el que esté en contra de esta práctica, poder firmar para que España prohiba que se comercialicen productos derivados de las focas canadienses masacradas. Esta propuesta ya fue rechazada el 14 de junio del pasado año, y en breve volverá a ser presentada.
Si teneis dudas sobre si firmar o no, un consejo, ir a Youtube y buscar cualquier video sobre el tema.
Y mientras tanto suena Hyperspace de Nada Surf.
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15 julio 2008
Casco y budismo
Recientemente he leído el libro "El arte de la felicidad", que recoge una serie de conversaciones mantenidas entre el Dalai Lama y el psiquiatra estadounidense Howard C.Cutler.
La verdad, me ha gustado, ya que lejos de ser un compendio sobre la religión budista, nos da una serie de pautas para intentar ser un poco más felices. Recomienda para alcanzar un grado más alto de felicidad eliminar nuestros comportamientos y estados mentales negativos, entre ellos la avaricia ya que considera que forma parte de la naturaleza humana y la considera como una de las principales causas de sufrimiento.
Pues bien, tras conocer cierta noticia sobre un casco tántrico puesto a la venta por la DGT y los monjes budistas del Monasterio del Garraf, he vuelto a revisar el libro que antes mencionaba, y por ningún sitio he encontrado nada sobre el mantra de Manjushri que ayude a tomar decisiones correctas ante cualquier imprevisto, y menos aún si el imprevisto surge a lomos de una moto.
¿Alguién cree que un casco con un determinado bordado en la zona de la coronilla puede ayudar a evitar accidentes de moto?. Imagino que nadie se lo habrá tragado, y menos aún mientras siga habiendo quitamiedos en nuestras carreteras, pintura deslizante en nuestras calzadas de asfalto en pésimas condiciones y cientos de puntos negros en toda nuestra geografía.
No me parece que esta serie de acciones-negocio sean las que recomienda el Dalai Lama en su libro para evitar la avaricia, pero no voy a opinar sobre la participación de los monjes budistas ya que desconozco a que van destinadas las ganancias de esta "tomadura de pelo". Espero que el destino sea el mismo que los beneficios obtenidos del CD de mantras que en su día publicaron y que según lo que indica su página web: "se invierten en continuar con todos los proyectos de potenciación de los valores positivos del ser humano y en seguir con todos los proyectos de ayuda humanitaria que en la actualidad se vienen desarrollando desde hace 20 años".
Lo que si que me parece una payasada y una falta de respeto a todos los "moteros" y en especial a los fallecidos por las deficiencias de nuestras carreteras, es la campaña que nos coloca la DGT con el señor Pere Navarro al frente, para según él ayudar a reducir los accidentes de moto.
Señor Navarro, ¿se ha dado cuenta de que el casco es abierto? con el desprecio que en cada una de sus intervenciones públicas muestra este señor hacia el colectivo motero, no quiero ni imaginar su proxima propuesta en la lucha contra los accidentes de moto.
Por cierto, para mayor recochineo, el casco tántrico es "de venta en el Corte Inglés".
Y mientras tanto suena Microscope de Styrofoam.
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